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Woody Sánchez Flores
Al nuevo entrenador del Atlético de Madrid le gustan las películas de Woody Allen. Hoy Quique Sánchez Flores se ha convertido en el director de un guión delirante, el de la actual temporada rojiblanca, que bien podría haber escrito el esquizofrénico director neoyorquino. (Ojo, las gafas son un montaje).
Miguel Lartategui
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Hace casi dos siglos Michael Faraday enunció la teoría que lleva su nombre: “Los polos opuestos se atraen, mientras los iguales se repelen”. Lo hizo atendiendo a la física, sin saber que entre las personas también es válida su hipótesis. Quique Sánchez Flores y Woody Allen son un buen ejemplo de esa formulación.
En febrero, Quique se perdió en Lisboa yendo a un entrenamiento. Buscando el camino, casi llegó a España
A Quique le gusta Woody. Al menos sus películas. Aún se desconoce si a Allen le gusta Flores. O le cautiva el fútbol que destila. Son dos personajes antagónicos. Woody es hipocondríaco. Quique, metódico. Allen pasea sus neurosis por el mundo. Y Sánchez Flores prefiere reposar bajo el análisis. Pero al nuevo entrenador atlético le fascinan los films del director, como si en ellos encontrara el desvarío y la esquizofrenia que rechaza desde el banquillo. Quizá por esa atracción fatal ha aceptado dirigir la nueva película del Atlético de Madrid, cuyo guión actual bien podría haberlo escrito el delirante Allen. “Sería incapaz de decir no a una propuesta como ésta. Apetece entrenar al Atlético”, confiesa el nuevo míster rojiblanco. “Es muy buena elección”, pronostica Gica Craioveanu, discípulo de Quique en el Getafe.
Los personajes que inventa Woody Allen se encuentran llenos de paranoias y locuras, de descuidos y abandonos. Quique se encuentra en el polo opuesto. “Se fija mucho en los detalles. Siempre insiste en que cualquier error hace perder un partido. Alguna vez es un cabezón… Le decíamos muchas veces que era muy pesado”, explica entre risas Craioveanu. En Valencia lo saben bien. Los futbolistas tenían que pesarse todos los días y el control resultaba asfixiante, medido gramo a gramo. Algunos futbolistas de la entonces plantilla ché, como el brasileño Edu, achacaron la plaga de lesiones y roturas de ligamentos a la dieta tan estricta con la que sometía Sánchez Flores a sus jugadores.

Quique disfruta tanto del control como de las películas de Allen. “Le gustan los partidos controlados y los marcadores cortos”, escribe el periodista valenciano Cayetano Ros. Esa obsesión se acrecentó tras conocer los métodos de trabajo de Benítez. “Es uno de sus referentes”, afirma Gica. “Pero Quique da un poco más de libertad al jugador, sobre todo de mediocampo para arriba. Rafa encasilla más”. Cuando Sánchez Flores aterrizó en Valencia se dio cuenta del armazón heredado por el técnico del Liverpool, trasquilado en parte por el pueril año de Ranieri. Quique hizo un equipo ché casi a imagen y semejanza del de Benítez: ordenado, solidario y sin apenas hendiduras y grietas en sus muros.
"Benítez es uno de sus referentes. Pero Quique da un poco más de libertad al jugador, sobre todo de mediocampo para arriba. Rafa encasilla más", afirma Craioveanu
Hoy el Atlético de Madrid necesita renovar el chasis defensivo, del que tanto hace gala su nuevo entrenador. “Con él, en el Getafe recibimos muy pocos goles”, recuerda Craioveanu. “Tomábamos el pelo a Belenguer y Nano –los centrales azulones aquella temporada 2004-05– porque casi no sudaban”. El sistema protector de Sánchez Flores no se basa en los defensas, sino en los de arriba. “El primer filtro son los delanteros”, repite una y otra vez el técnico a sus futbolistas. Obliga a uno de ellos a meterse en la línea de centrocampistas. Allí corren y se fajan para que los centrales sólo tengan que barrer los desechos que caigan por su zona. “Así terminaban los partidos tan cómodos”, bromea Gica antes de volver a la seriedad. “De esta forma se ayuda muchísimo al equipo. Cierras mejor los espacios y uno de los mediocentros rivales no juega con tanta facilidad. Ya en el partido de Copa ante el Marbella vi a Reyes trabajar mucho más de lo habitual, bajando a ayudar a Antonio López”.
Sin embargo antes de cualquier disquisición táctica, al nuevo entrenador colchonero le toca levantar el ánimo de un equipo acuciado por el temor a la derrota y el miedo al qué dirán. “Quique es un buen motivador”, anuncia Craioveanu. “Lo primero que me sorprendió de él fue lo abierto que era. Se hace muy cercano al futbolista y habla mucho con ellos. No sólo con los titulares, que siempre se encuentran contentos porque juegan, sino también con los que no lo hacen de forma habitual”, continúa el ex futbolista de Getafe y Villarreal.
Quique Sánchez Flores se ha embarcado en el libreto esquizofrénico en el que vive el Atlético desde agosto. Allen le ha ofrecido el guión. Ahora le toca dirigirlo a él. A esa neurosis en la que se ha instalado el club quizá no le convenga más locura neoyorquina y sí mayor gobierno y mando. El libreto de Woody lo recoge Flores. Los polos opuestos casi siempre terminan de la mano.
El día que Quique se convirtió en un personaje de Woody Allen
En febrero de este año, Quique Sánchez Flores padeció una situación alleniana, típica de sus personajes. El entonces entrenador del Benfica viajaba en su coche hacia la ciudad deportiva del equipo luso. Sólo conocía un camino y aquel día de febrero el puente que daba acceso a los campos de entrenamiento se encontraba cortado por las obras. Preso del nerviosismo dio la vuelta intentando hallar otra senda, pero su camino se desvío desde la ribera del Atlántico hasta casi la frontera. “Fue terrible. Estuve perdido y casi fui hasta España porque vi letreros que anunciaban eso. Fue una cosa de locos. Vi cosas que nunca había visto antes de Portugal”, rememora el técnico.
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