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LOS SUCESORES DE MARADONA
La sombra de D10S
Desde que Maradona se retirara de la selección, Argentina le busca un digno sucesor. Desde Ortega a Messi, pasando por Aimar, Saviola y Riquelme, a todos les ha pesado demasiado la estela del dios del fútbol.
Miguel Lartategui
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El fútbol nunca ha fraternizado demasiado bien con la ciencia. Prefiere moverse más a través del terreno de lo místico. En un intento de hermanar ambos mundos, ciencia y religión, Albert Einstein afirmó que la luz no era otra cosa que “la sombra de Dios”. Ni siquiera el balón asume ese axioma. La sombra del que muchos consideran Dios del fútbol, Maradona, no irradia luminiscencia, sino más bien un oscuro y lóbrego crepúsculo al que cada cierto tiempo el mismo Diego Armando abona más oscuridad.
"Ya conozco al jugador que ocupará mi lugar en el fútbol argentino. Su nombre es Lionel Messi.Lo veo muy parecido a mí" (2006)
El 25 de junio de 1994 Maradona dijo adiós a la selección argentina. Ese día tuvo que someterse a un control antidoping que dio positivo y terminó con la carrera internacional “del más grande”, como le citan en su país. Desde el día siguiente, el país albiceleste se sumió en la tarea de encontrarle un digno heredero. Quince años, cuatro meses y 18 días después siguen en esa coyuntura. Aún no han encontrado al legatario de Dios. “En Argentina siempre ha pasado eso. Los países quieren gente que sea referente. Después de Kempes llegó Maradona. Y ahora se le está buscando un sucesor a él: Gallardo, Ortega, Pablo Aimar, Riquelme… Y ahora Lionel Messi”, explica Gustavo López, ex futbolista internacional argentino. “Yo creo que eso ocurre en todos los países, no sólo en Argentina. En todos lados quisieran tener un proyecto de semejante jugador”, ahonda Germán el Mono Burgos, ex portero de la selección y del Atlético de Madrid.
En ese súbito sondeo, que ya dura quince años, ha trabajado de forma enconada el mismo Maradona. A cada futbolista que asoma la cabeza en el panorama argentino, Diego Armando le unge con la etiqueta sucesoria. “[Saviola] es mi sucesor. Lo mataría por ser de River, pero es buenísimo. Lo veo y se me pone la piel de gallina”, afirmó en 2001. Un año después ya había cambiado de idea. “Aimar es el mejor jugador del mundo. Es mi sucesor legítimo. Pablo se divierte jugando, como yo lo hacía. Desde siempre es mi debilidad”, decía en 2002.
"Saviola es mi sucesor. Lo mataría por ser de River, pero es buenísimo. Lo veo y se me pone la piel de gallina" (2001)
Las lisonjas de Dios les elevaron al cielo en un momento. Pero esas mismas flores convirtieron a sus destinatarios en esclavos de un pueblo que ya no les miró con la indulgencia con la que se observa a los principiantes, sino bajo el prisma de haber sido elegidos por Yahvé para predicar el evangelio balompédico. “La forma en la que se lleve eso depende de la profesionalidad del que la recibe. Pero que el mejor jugador del mundo diga que uno puede llegar a ser como él, yo me lo tomaría como halago, no como presión”, explica el Mono Burgos. “Hay que saber convivir con ello. Creo que es muy difícil que salga otro Diego Armando Maradona. Alguien que pueda hacer cosas parecidas con el balón, sí. Pero no me parece que esos halagos sean una presión desmedida para los futbolistas”, continúa Gustavo López.
Sin embargo los dioses terrenales también cometen pecados veniales y caen en contradicciones mundanas, habida cuenta de su condición humana. “Saviola, Aimar, Riquelme, Tévez… Todos ellos son grandes jugadores. Me parece que tienen que dejarles que sean ellos mismos, que no les pongan la presión de que se parezcan a Maradona. No tienen que hablar de sucesores porque les meten una presión que no es buena”, escribió en su web oficial en octubre de 2002, meses después de señalar a Saviola y Aimar como dignos destinatarios de su divinidad. La explicación a tan honda negación de sus mismas palabras la tiene el preparador físico de la selección albiceleste. “Él hace algo, y a los dos minutos, ya está pensando en otra cosa. Vive a 350 kilómetros por hora. A veces pierde el control y va de una punta a otra”, afirma.
“Aimar es el mejor jugador del mundo. Es mi sucesor legítimo. Pablo se divierte jugando, como yo lo hacía. Desde siempre es mi debilidad" (2002)
La búsqueda del sucesor de Dios ha continuado entre proyectos de nuevos Maradonas y auténticos prodigios. Desde el Muñeco Gallardo hasta Messi, el último elegido, han desfilado por la carrera sucesoria Marcelo Espina, Juanjo Borrelli, el mismo Gustavo López, José Albornoz, Néstor Gorosito, Rodolfo Cardoso, Verón, Fernando Pandolfi, D´Alessandro, Carlos Tévez y el propio hierno divino Kun Agüero. Sin embargo todos coinciden en señalar a Ortega, Saviola, Aimar, Riquelme y Messi como los verdaderos postulantes a la herencia. El mismo Maradona así lo reafirmó cuando se hizo cargo de la selección. “Voy a darle el 10 a Riquelme por lo que representa en la cancha, por su juego de equipo, la pelota parada y por todo lo que demuestra en cada partido que juega”. En Argentina, recibir ese dorsal de manos de El Pelusa es como procurar de aura celestial a quien lo recoge.
El último destinatario de esa sucesión lleva el apellido de Messi. Lo destapó Maradona, a su estilo, en 2006: “Ya conozco al jugador que ocupará mi lugar en el fútbol argentino. Su nombre es Lionel Messi. Lo veo muy parecido a mí”. En esta ocasión el mundo del fútbol confirma la apreciación del hoy seleccionador argentino. “Uno hace esfuerzos por no compararlo, pero Messi no ayuda. De todos los candidatos, ninguno estuvo tan cerca de Maradona”, piensa Jorge Valdano. “Messi es como Maradona con un turbo en los pies”, afirma el entrenador del Arsenal Arsene Wenger. “Messi es el que más se le ha acercado. Hace cosas muy parecidas a Diego a nivel futbolístico”, se suma Gustavo López. Para Germán Burgos tampoco hay duda. “Hasta hace goles similares a Diego”, afirma entre risas el ex portero del Atlético de Madrid.
"Voy a darle el 10 de Argentina a Riquelme por todo lo que demuestra en cada partido que juega" (2008)
La sombra de Dios, sin embargo, también acecha al barcelonista. Messi no ha conseguido triunfar en su selección, como antes tampoco lo consiguieran sus antecesores. “Diego sabotea a Messi porque quiere seguir siendo un mito, el mejor en la historia. Maradona le manda defender y no le pone medios como Bolatti”, afirma el ex futbolista internacional argentino René Houseman en el diario AS. “Quizá esos futbolistas no buscan esa etiqueta y son más felices sin tener que emular al más grande”, sentencia el Mono Burgos.
Einstein se equivocó al afirmar que la luz es la sombra de la divinidad. Al menos el fútbol no sigue esas coordenadas. De momento la oscuridad sólo es eso, hastío y penumbra. Quizá la solución la tiene el mismo dios terrenal elevado a los altares. “Nos pasamos tanto tiempo buscando a un Maradona, que por ahí frenamos a los pibes”. Las sucesiones a dedo no siempre han tenido buen futuro.
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