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El sueño de todos
El único árbitro ascendido esta temporada, debutó el pasado sábado en Primera. MediaPunta fue testigo accidental de su “día después”.
César Nanclares
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“Hola, presi”. La voz nasal rompe el silencio de la fría sala VIP del aeropuerto de San Pablo. Me suena, me suena… Sé que le he visto antes, no hace mucho. El traje gris no me pega. Hago memoria mientras espabilo mi somnolencia y busco entre su alegre figura una pista definitiva: ¡Bingo! Lleva una bolsa arrugada de la tienda del Sevilla FC… ¡Claro, es el árbitro de ayer! Es Mateu Lahoz. Es él.
13 de septiembre de 2008. El día que 84 mensajes de texto vibraron en el móvil de “Toño” Mateu Lahoz
Le pierdo la pista cuando anuncian la salida del vuelo. Camino de la puerta de embarque pienso que los dos, Mateu y yo, sufrimos la misma debilidad profesional: sólo se acuerdan de nosotros cuando la cagamos. Él es árbitro de Primera y todos sabéis a los que me refiero… Lo mío es más difícil de explicar y como no es plan de robarle plano al prota, sólo diré que todos los sábados me meto dentro de la unidad móvil de laSexta, con el objetivo de que ningún telespectador se acuerde de mi oronda figura porque nos hemos zampado una imagen importante del partido.
Subido ya al diminuto avión, camino de Valencia (Villarreal-Dépor me espera por la tarde…), me “acomodo” como puedo en la segunda fila de las dos de Preferente. Casi tras mis pasos llega Mateu, con uno de sus asistentes, hablando de nuevo por el móvil. Todavía no sabe quién soy yo (¡qué autoritario suena!), pero yo sí sé quién es él: el árbitro debutante, el hombre más feliz del mundo.
Durante el despegue dudo si presentarme o poner la antena para cotillear… Me puede el diablo plumilla y de sopetón le suelto: ¡Qué! ¿Muchas felicitaciones?. “Sí, la gente se acuerda de uno…”. Ya no hay marcha atrás. Es justo que le diga que soy de la canallesca que amplificó en color su sueño de siempre. La lógica cara de sorpresa por la coincidencia se va relajando para dejar paso a una amigable charla de fútbol entre un deportista-juez y un periodista, curioso por saber qué siente un árbitro al debutar en Primera División:
Nunca había arbitrado a las 10 de la noche y la tarde se me hizo larguísima. Estaba alucinado... ¡Qué chulada!
“Nunca había arbitrado a las 10 de la noche y la tarde se me hizo larguísima. Pero una vez que salté al césped a calentar, elegí las botas y me metí de lleno en el partido… ¿la sensación? Estaba alucinado, relajado, alegre ¡Qué chulada!, pensé… Sólo quería disfrutar, hacer lo mismo que me había permitido llegar…
Los jugadores me ayudaron. Me desearon buen debut. Palop, paisano y capitán, me dio la enhorabuena en el sorteo de campos. A los jugadores del Sporting les conozco más porque les pité cuatro partidos el año pasado en Segunda. Ellos también son recién ascendidos, así que fue una enhorabuena mutua. Es el sueño de todos.
Yo soy de un pueblo pequeño de Valencia, Algimia de Alfara, de sólo 800 habitantes. Mi madre nunca me había visto arbitrar un partido oficial; hasta ayer que el partido se vio por laSexta para toda España. En el pueblo la gente se emociona, se siente identificada. Mi casa es una romería estos días…”
Antonio Mateu Lahoz tiene 31 años y sus atropelladas palabras denotan pasión por el fútbol. Lleva 17 años pitando, más de media vida. El gusanillo se lo contagió su hermano a los 14 años. Jugó hasta juveniles e incluso probó en las inferiores del Valencia.
“No es equiparable a debutar en Primera como jugador. Un futbolista puede llegar de forma circunstancial, jugar un partido y bajar de nuevo a su categoría. Nosotros sólo somos veintitrés árbitros en Primera y para ascender tienes que haber pasado, sí o sí, por todas las categorías”. Entrena todos los días dos horas y para compaginar el arbitraje con su vida laboral, es profesor de educación física, media jornada, en Aielo de Malferit, célebre pueblo valenciano gracias a Nino Bravo. “Los alumnos se quedan mirándote… es más fácil tratar con ellos. Les transmites los valores del deporte en la educación: para conseguir objetivos hay que luchar por ellos.
Es curioso que el jugador, en el partido, utiliza la presión psicológica. El sábado, por ejemplo, alguno del Sevilla me dijo tras el descanso que me había equivocado en el penalti, que en televisión se veía claro… pero siempre de buen rollo. Hablando se entiende la gente. Bilic, al final, quiso que le apuntara el primer gol, que yo le di en el acta a Diego Castro. El balón del “hat-trick” sí se lo llevó porque es del club…” (Risas).
13 de septiembre de 2008. El día que 84 mensajes de texto vibraron en el móvil de “Toño” Mateu Lahoz mientras regresaba caminando al hotel, después de debutar en Primera División. Un día inolvidable.
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